Señales, me paso la vida buscando señales. Cierto es que con 16 años es una práctica más recurrente, porque pides señales para todo –si ahora sale el sol, es que le gusto a Pepe-, -si mi madre entra ahora por la puerta es que voy a ser rica-, -si me mira ahora la dependienta es que me tengo que comprar este jersey azul-… Normalmente la condición que se ponía era (inconscientemente) más factible de realizarse si esperabas un sí que si pedías un no, es decir que al final buscabas señales que corroborasen tu deseo. Aunque he de decir que en el transcurso de tantas peticiones condicionadas también me tope con señales deliberadamente casuales, o al revés casualidades que yo convertía en señales (estas son las mejores).
Supongo que con el paso del tiempo se pierde esta capacidad de ir pidiendo señales al destino porque se pierde un poco la capacidad de soñar. El día a día nos inunda con sus urgencias y no dejamos a nuestras neuronas volar libres por escenarios imaginarios. O no dejamos al optimismo imaginar una situación mejor, aunque lejana y poco posible.
Supongo que con el paso del tiempo se pierde esta capacidad de ir pidiendo señales al destino porque se pierde un poco la capacidad de soñar. El día a día nos inunda con sus urgencias y no dejamos a nuestras neuronas volar libres por escenarios imaginarios. O no dejamos al optimismo imaginar una situación mejor, aunque lejana y poco posible.
Leave a comment