Este fin de semana estuve viendo las fotos que mi abuela tenía guardadas en una maleta, toda su vida en una maleta… Y yo me pongo a pensar en todo lo que quiero recordar y no doy abasto. Tengo álbumes de fotos desde que nací. Entre los 0 y los 14 años tendré 5 álbumes, entre los 14 y los 20 tengo 10 álbumes y a partir de los 20 la locura de las cámaras digitales ha creado en mi la constante angustia de no saber cómo almacenar tanta información. Antes tenía 10 fotos de un viaje ahora tengo 20 de una cena, además me gusta guardar las entradas de museos, cines, teatros, una servilleta donde garabateamos cosas graciosas, un billete de metro, alguna postal comprada, etc. Antes todo esto se pegaba en un álbum y quedaba precioso pero ¿ahora? A este ritmo cuando yo me siente a ver fotos con mis nietos tendré que hacerles un curso intensivo de 2 meses. Además ahora también contamos con el factor vídeo, que añade megas a nuestros bagaje histórico. A esta presión en contenido de recuerdos materiales se une mi poca capacidad para retener vivencias en mis neuronas lo que, por si fuera poco todo lo anterior, me lleva a tener una especie de diario-cuaderno de ideas donde apunto todo lo que me pasa interesante o todo lo que se me pasa por la mente… pero al final creo que lo importante es tener vivencias, las recuerdes con todo detalle o simplemente te sirvan para hacerte más feliz o más sabio sin tu saberlo… odio esas situaciones en las que por querer inmortalizar un momento especial, el momento dejar de ser especial y es una pose o una imagen vista a través del visor de una videocámara.
Leave a comment