Era algo que rondaba mi cabeza, pero estaba confundida o engañada. Al cambiar de vida(cambio de trabajo y país) la sensación se hizo más notable. Y un angelito por ahí me ha obligado a enfrertarme a ello más de una vez pero aún así seguía sin ponerle cara y ojos.
La luz me llegó al leer este artículo que os dejo aquí abajo: Vivo muy deprisa. He dejado de disfrutar del presente para vivir en los planes de futuro. He dejado de disfrutar de la lectura para leer todos los días posts, tweets, títulares y libros del master o de marketing. Desde que salí de casa de mis padres no me alimento bien, bueno es decir yo no cocino (lo intento a veces pero con tan malos resultados que me desmotivo cada vez) y he dejado mi alimentación en manos de restaurantes, cocineros anónimos y materias primas de dudosa procedencia. Me siento en una reunión y pienso en todo lo que tengo que hacer en lugar de centrarme en las personas que me rodean. Voy en el autobús o hasta andando por la calle chequeando la Blackberry. Es cierto que me gusta la adrenalina de tener muchas cosas que hacer pero empiezo a pensar que me gusta porque no sé estar a solas con mis pensamientos. Así que, aunque no lo cumpliré abogo por el Slow Movement
“Esta noche me disponía a escribir una pieza en apoyo al “slow read”, pero este artículo de The Atlantic lo hace mucho mejor de lo que yo lo haría. Responde a uno de mis mayores temores, el de dejar de leer buena literatura ya sea porque la vida adulta es más complicada que la de mi adolescencia de ratón de biblioteca, ya sea porque el ritmo de la web me haya castrado para la lectura profunda, detenida y lenta, ya sea porque haya abrazado un cacharro para leer plagado de interrupciones y tentaciones, ya sea porque me haya vuelto uno de esos “profesionales” que sólo leen libros “prácticos” para su trabajo.
Perder este acto de descubrimiento, de creación, de entretenimiento y, a la vez, de autoconocimiento que es la literatura de ficción me resultaría un empobrecimiento imposible de compensar con cualquier otro tipo de experiencia. Y no, no me resultan comparables ni el cine, ni los videojuegos ni los géneros novedosos como los “libros transmedia”, que pueden estar muy bien, pero no son ese envite a la inteligencia pura que es la literatura. Poco que añadir al artículo de The Atlantic más allá de reforzarme en defender esos momentos de lectura lenta e ininterrumpida y…”
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