Eras alegre, despreocupada, siempre entre algodones, insegura a ratos pero feliz en conjunto… Y un día te das cuenta que la gente siempre ha estado intentado amargarte la vida, y por mucho que Eleanor Roosevelt dijera que “Nadie puede hacernos sentir inferiores sin nuestro consentimiento” creo que mi consentimiento estaba firmado de por vida cuando nací…
Hay gente, muuuucha gente que no soporta que la gente sea feliz, y sea inocente (supongo que es la palabra) o intente ver el lado bueno de las cosas. Hay gente que siempre intenta arañar esa superficie brillante y lisa y convertirla en algo aspero, feo, engañoso… Hay gente que en lugar de mirarse el ombligo se dedica a mirar el de los demás, aunque no lo vea bien y se invente la mitad. Hay gente que no puede perder el control y para eso aterroriza a la gente a su alrededor para evitar que se atrevan a hacer preguntas que no saben responder. Hay gente que piensa que la letra con sangre entra. Existen personas en este mundo que son capaces de pegarte con un martillo imaginario todos los días hasta conseguir que tu espíritu se apague, se agote la llama y solo quede un tímido resplandor de lo que eras.
Si es que soy imbécil, a veces está claro que hay que ser estratega en esta vida y dejar la inocencia para los niños.
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