El otro día vi a un hombre abrazando un poste. Quizás no lo estaba abrazando, solo lo miraba con los ojos del naufrago que vislumbra tierra a lo lejos.
Era mi trayecto mañanero hacia el lugar donde me siento durante ocho horas mirando a un rectángulo que ilumina mi cara.
El hombre lucía una frondosa barba repleta de canas y una melena rebelde que recordaba el color de su cabello en otros tiempos. Una camisa vaquera abierta, dejando ver una camiseta de propaganda debajo. Todo relativamente limpio pero el conjunto ofrecía una imagen que recordaba más a un mendigo que a un transeúnte camino de su trabajo.
Y aquella mirada perdida o enfocada en lo que parecía ser el lugar equivocado.
Quizás la equivocada soy yo mirando a mi rectángulo de luz sin parar. Quizás aquel hombre se había cansado de mirar geometrías digitales y se había enamorado de las formas volumétricas de aquella estación de metro.
Leave a comment