• I was lucky to get tickets to see this exhibition which has been in high demand since it opened in September.

    The works I could visit at the National Gallery were made by Van Gogh between 1888 and 1889, when he went to live and work to Arles and Saint-Remy-de-Provence, in the South of France.

    The first room holds two portraits and “The Poet’s Garden” which immediately caught my eye because of the intensity of the colors, the light and the peace it transmits.

    “I’m going to be an arbitrary colourist… Behind the head – instead of painting the dull wall of the mean room, I paint the infinite”. These words written in the walls almost brought tears to my eyes as I think of the difficult life of Vincent and how he indeed painted the infinite for generations and generations of people to come and admire his art.

    “The Garden of the Asylum at Saint-Remy” is the next work that makes me fall in love, the pinks, the joy, the vibrancy of all the greens mixed with the blues.

    Then to the next room and probably my favourite of all the exhibition (not only for the Japanese references that I love) “The Sower”, there is something universal about this painting. This dark figure that we almost imagine moving, more than seeing, which emerges from the bottom left in parallel to the tree that points to the magnificent sun. I can see what it feels to be human in this composition. I see it in the light that indicate a sunset, I can feel the anxiety, the fear mixed with the utter beauty of being alive, I can feel it all when I look at this painting which captivated me. I wonder is the man dancing after all?

    A painting that shows a more relaxed way of painting is “The Alyscamps”, where Van Gogh imagined a pair of lovers taking a promenade along a line of Roman and medieval tombs.

    In the adjacent room we can find a series of drawings, which to me show even more than the paintings, what a phenomenal talent he had. I particularly stop and look at “Trees, Montmajour” where I find happiness in what I consider a dancing tree to the right of the paper.

    “The Stevedores” is remarkable for that sky painted with only a few lines. “The Trinquetaille Bridge” makes me want to paint some of the bridges near Kew Bridge in London.

    In the final room, I admired “The Olive Tress” painting and drawing. I felt transported to the rhythm along those hills. My hands started to draw in the air, continuing those brushstrokes. Again, Vincent, you are making me want to dance. Thank you.

    “The painter of the future is a colourist such as there hasn’t been before”.

  •  Sirva esto de preaviso, que no soy quien para hablar de salud mental.

     

    Nos pasa con el cuerpo, porque no con la mente. Unos días en los que se te nubla el pensamiento, como si una capa de mocos lo cubriera todo, esos pensamientos intrusivos que martillean la moral con mensajes de todo menos alegres y si te paras a pensar y a centrarte en el momento no hay nada tan tremendo, si acaso, lo contrario. A ratos puedes tener ataques de tos, una tristeza intensa que te pide manta y peli, lo mismo que cuando el cuerpo batalla contra los virus. Y es posible que necesites dormir más o comer mejor. 

     

    La única diferencia es que con un gripazo no se debe hacer deporte y con un catarro mental, lo recomiendo 100% como solución eficaz a la tristeza.

     

    Hay que prevenir estos catarros, con un poco de mindfulness, un poco de ejercicio, un poco de hablar con tu gente, otro poco de abrazos y finalmente unas pinceladas de hacer cosas que te gusten. El otro día oí este dicho “Manos ocupadas, mente tranquila” (Busy hands, quiet mind)

     

    ¡Feliz 2023! 

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  •  Mi abuela tenía una enorme mancha en la espalda. Era como un continente, tenía fronteras, relieve y política propia, no era como el resto de su piel. Con los años, la mancha había ido creciendo y expandiéndose. No era un buena mancha pero era muy de mi abuela.

    Hace unos meses fui al médico a quitarme una mancha que me había salido en el costado. Era, en textura y apariencia, como la de ella, pero muchísimo más pequeña. Sin embargo, me molestaba su rugosidad y la sensación de que podía convertirse en un estado independiente, así que decidí deshacerme de ella.

    En el dermatólogo, agarrada a una plaquita de metal, que por lo visto ayudaba a dejar salir la corriente de mi cuerpo, me despedí de aquel lunar gigante. Pero no fue una despedida silenciosa, la puñetera mancha resistió el sitio como una jabata, con el consiguiente dolor para su anfitriona, véase yo. 

    A veces me pregunto si aquella manchita era una especie de recuerdo de mi abuela y si había tomado la decisión correcta al extirparla. Me dolió tanto que parecía que mi abuela me estuviera pinchando desde el más allá. No te preocupes abuela que no necesito una mancha para recordarte y dar gracias por tener a alguien tan maravilloso en mi vida queriéndome tanto como tu.

  • El otro día vi a un hombre abrazando un poste. Quizás no lo estaba abrazando, solo lo miraba con los ojos del naufrago que vislumbra tierra a lo lejos. 

    Era mi trayecto mañanero hacia el lugar donde me siento durante ocho horas mirando a un rectángulo que ilumina mi cara.

    El hombre lucía una frondosa barba repleta de canas y una melena rebelde que recordaba el color de su cabello en otros tiempos. Una camisa vaquera abierta, dejando ver una camiseta de propaganda debajo. Todo relativamente limpio pero el conjunto ofrecía una imagen que recordaba más a un mendigo que a un transeúnte camino de su trabajo.

    Y aquella mirada perdida o enfocada en lo que parecía ser el lugar equivocado.

    Quizás la equivocada soy yo mirando a mi rectángulo de luz sin parar. Quizás aquel hombre se había cansado de mirar geometrías digitales y se había enamorado de las formas volumétricas de aquella estación de metro.

  • He perdido, parcialmente, el sentido del olfato. Es una de las secuelas del COVID. Tenía miedo de los posibles efectos a largo plazo que el virus podía regalarte. Esta ansiedad en 2022, no tenía nada que ver con el desasosiego con el que viví durante la pandemia. Controladamente, que no está la sociedad para sumarle estresados, pero la procesión iba por dentro. 

    No lo pasé bien, porque tuve la suerte que el peor día de la enfermedad se desarrolló el día de máximo calor en Londres, en medio de una ola de calor como hacía décadas que no se registraba. Ese día estaba yo luchando contra mi dolor de cabeza, tirada en la cama, en la penumbra de unas ventanas envueltas en papel albal para intentar combatir las altas temperaturas.

    El Covid me duró 10 días de positivos, pero casi 3 semanas de voz de moco y unos días más sin sentido del gusto o del olfato. Nunca me preocupó dicha perdida porque tenía plena confianza en recuperar los sentidos. Además he de decir, que llevarme alimentos a la boca, masticarlos y tragarlos me seguía produciendo mucho placer. La comida durante el Covid era mi medicina, cada vez que ingería algo, me sentía revitalizada. 

    Poco fui recuperando la memoria de los olores y los sabores. Fue una época bonita, pude redescubrir una pequeña parte del mundo. 

    Meses después, me doy cuenta de vez en cuando que me falta un olor. Como por ejemplo el del café por la mañana. Ese pequeño placer se me escapa estos días. Otras veces me descubro apreciando con mucha más intensidad de lo normal un olor que se me revela. Como cuando me puse perfume para salir de casa sin noción de la cantidad, porque sin olfato esa medida se pierde, y a mitad de camino en el autobús, me vino como de la nada un efluvio de flores y curiosa por la novedad seguí el rastro hasta encontrarme con la tecla de aquel olor y sentirme de repente abrumada por la generosidad con que me había regado el cuello y las muñecas.

    Lo que me pasa es que llevo mucho tiempo con la sensación de sentir demasiado. Las emociones me apabullan, siento mis emociones y las de los que están a mi alrededor. También es que me lo ha dicho la terapeuta y me gusta repetirlo, soy una sentida. Que le vamos a hacer…

    A veces pienso, que me gustaría poder hacer lo mismo con otros sentidos. No ver a aquellos que me ponen malas caras, poder centrarme solo en la gente que me quiere. No oír a los que se dedican a calumniar a otras personas o vomitar discursos de odio. no sentir algunos dolores.

    Pero como todo, no hay yin sin yan. Me gusta descubrir otro mundo gracias a mi olfato fallido, de la misma manera que me gusta ver el mundo sin mis gafas de miope y perderme en los redondeles de luces que envuelven los paisajes y las formas abstractas que me recuerdan espacios conocidos

  • Bueno, bueno, mira lo que tenemos aquí! Alguien se ha vuelto a poner a escribir o quizás debería decir “a publicar” porque nunca dejaste de escribir, verdad? Solo dejaste de dejar volar tu imaginación y de tener la confianza en ti misma para publicar tus pensamientos (aunque nadie los lea pero ponerlos aquí significa que existe esa posibilidad).

    Ah la vida… qué fue? El trabajo, tu pareja, vivir en una nueva ciudad, los problemas familiares? Quizás fue la edad? O fueron la vagancia, la falta de ganas, qué seria lo que te freno durante todos estos años?

    En cualquier caso, me alegro que hayas vuelto, espero que no pasen dos años hasta la próxima vez. Ven por aquí, garabatea algo, qué importa? Lo único que importa es que lo sigas haciendo, que sigas viniendo, que sigas usando esa cabecita y esas ideas y las escribas. Quien sabe, quizás algún día escribas algo que merezca la pena o quizás no pero no es esa la belleza de esta vida? La posibilidad de que ocurra algo, hoy puede ser que vivas o puede ser que mueras, pero si no vives dará igual que mueras.

    29 de Septiembre 2022
    Pues si que han pasado dos años, vaya como me conozco! pero en este tiempo he escrito varios relatos cortos, mi primera novela y empezado otras tres. Ahora ando con la cabeza en otra historia que no acabo de encajar pero que me baila en las nubes neuronales. Un día de estos igual consigo cazarla. 
    Lo que te quería decir es que viendo tu trayectoria, algo de escritora tienes. Y de artista, si porque también pintas, dibujas, haces collages y en general cualquier tipo de expresión plástica que se pueda lleva a cabo con las manos. Luego también está lo del karaoke que eso igual lo dejamos para otro día. A ver si escribes todos los días aunque no sean páginas de una novela, te sienta muy bien. Ahora ya lo sabes.
  • y un día sin avisarte, escuchas una canción en la radio y te explotan los ojos y se asfixia tu respiración y necesitas sentarte y recuerdas…

    su mirada siempre llena de cariño, su sonrisa humilde, su cara expectante que lo único que buscaba era verte, sus preguntas a las que más de una vez dejaste sin contestar, sus besos antes de dormir repletos del amor más sincero, su coquetería, su vida llena de recuerdos fantásticos

    y necesitas algo o alguien que saque el nudo que te aprieta en la garganta y anhelas un abrazo que consuele el dolor, una mirada que refleje, aunque sea lejanamente aquel cariño

    sus manos, un poco temblorosas, que ella hacia sonar como castañuelas al recoger los platos de la mesa, esas manos que me acariciaron tantas veces, que me ayudaron a andar, que me empujaron cuando lo necesité, que me sostuvieron

    y el oleaje retrocede un poco, pero hay resaca y el mar arrastra la arena. La misma playa pero nada es igual después de la tormenta

    sus mil historias de una vida de casi, casi un siglo, sus secretos que solo aquel día se atrevió a revelar, sus miedos, su grandísima nobleza, su resistencia estoica, su inagotable energía

    y el mar empuja de nuevo con fuerza, barriendo la orilla,

    su generosidad sin límites, el brillo de sus ojos, sus gestos al mover las pulseras que se agolpaban en su muñeca o sus collares, sus fotos de joven guapísima y rodeada de artistas, en el circo, o en el teatro o sentada en el césped con unas amigas

    y los granos de arena resbalan y golpean unos contra otros, mientras el mar se retira, se aleja, deja la playa en calma aunque dolorida y un poco más vacía

  • “An intellectual says a simple thing in a hard way. An artist says a hard thing in a simple way.”


    Charles Bukowski